Tal y como está diseñada la democracia actual está muy influenciada por los ciclos electorales que hacen que un proyecto de larga duración “pensamiento catedral” sea complicado. Pero esto no está limitado por el sistema de gobierno en sí, sino por los mecanismos que el país desarrolla bajo este sistema de gobierno. En este sentido, lo necesario es un consenso político que cree estos mecanismos. Esto queda demostrado por los proyectos a largo plazo que los sistemas democráticos tienen establecidos. Las constituciones que rigen los países pueden considerarse un “proyecto catedral” ya que no se modifican en ciclos electorales sino en periodos mucho más largo de décadas o siglos. El sistema funcionarial del estado, tampoco es un mecanismo que varíe con los ciclos electorales, las estructuras y puestos de trabajo funcionarial tienen una estructura que no cambia tan drásticamente (aunque haya movimiento de personal).

Estos ejemplos nos demuestran que cuando hay interés y se ve como imprescindibles sí que la democracia es capaz de tener el “pensamiento catedral”. Si este pensamiento no se ha creado tal vez haya tenido más que ver el hecho de que no se ha visto la urgencia de asumir una mirada tan a largo plazo para ciertos problemas que vemos como acuciantes y por estar más preocupados por solventar los problemas del día a día que aquellos del futuro.

Parte de éste pensamiento se puede transferir a un organismo supranacional, que desde una visión más global, vele y asegure que este pensamiento se lleve a cabo. Esto ya se ha visto que funciona cuando la comunidad internacional se ha puesto de acuerdo en la urgencia de adoptar medidas frente a problemáticas globales como el agujero de la capa de ozono, la salud y el cambio climático, aunque en estos últimos casos sin tanto éxito debido a las implicaciones que tienen en los mercados.

¿Sería más sencillo desarrollar un pensamiento de catedral en un régimen dictatorial?, No cabe duda de que esto sería más sencillo por el control férreo que tal régimen tiene sobre la población y la estabilidad de liderazgo que favorece el poder afrontar proyectos que en ocasiones pueden no ser bien recibidos por la población. Pero en este caso, la bondad o maldad del “proyecto catedral” planteado estaría muy en relación de la persona gobernante de turno, con lo que el hecho de que tal pensamiento fuera beneficioso para la ciudadanía y el bienestar general tampoco estaría asegurado.

Por ello considero que en la democracia se puede generar este pensamiento, siendo necesario para tal fin la generación de una estructura gubernamental que transcienda el ciclo electoral y que fije las líneas de trabajo de éstos procesos. Paralelamente a la creación de este mecanismo de instauración del pensamiento catedral, sería necesario una educación a la población que le permitiera percibir la visión de los proyectos a largo plazo y un sistema participativo que les permitiera participar de ellos.


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