En la historia de la escritura podemos distinguir tres momentos clave con un especial valor desde el punto de vista de la epistemología histórica, por una parte (1) la invención de la escritura alfabética, (2) por otra la invención de la imprenta y por otra (3) el desarrollo de la escritura digital. Cada uno de estos momentos produjo un importante cambio en los procesos epistémicos.

La escritura alfabética permitió la transmisión de conocimiento más allá de un determinado sujeto o una determinada cultura. Los textos escritos podían ser transmitidos fielmente de una persona a otra y de una generación a la siguiente sin las modificaciones que afectaban a la tradición oral.

A través de la imprenta, los libros se generalizaron y con ello el conocimiento a través de ellos. Se diversificó enormemente las temáticas tratadas y ya no estaban restringidos a aquellos libros dogmáticos que precisaban la interpretación oficial. Se hace más presente la relación individua entre el sujeto y el libro y la capacidad del libro para albergar el conocimiento del mundo. El libro se convierte en el principal objeto de transmisión del conocimiento.

Con el desarrollo de la escritura digital se ha abierto un gran panorama epistémico. Esta escritura permite transmitir otro tipo de experiencias, como la música, imágenes en movimiento, contenido hipertextual que han ampliado las posibilidades de su faceta epistémica. A través de ella es posible transmitir conocimiento y experiencias interrelacionadas pero a su vez crea un nuevo “mundo digital” con su propio cosmos de conocimiento. Si antes decíamos que los libros podían albergar el conocimiento del mundo, la escritura digital, no sólo lo alberga, sino que crea mundos y experiencias nuevas.