Me dispongo a comentar mis sensaciones experimentadas ante diversas obras de arte. En este momento me resulta complicado centrarme en alguna, ya que debido a la situación que estamos viviendo hace tiempo que no disfruto del arte y la cultura en una relación estrecha. Así que voy a intentar rescatar de mis recuerdos esas experiencias artísticas que han quedado en mi memoria, teniendo la certeza de que si ahí están es porque en su momento me impactaron y me produjeron sensaciones intensas. Intentaré rescatar esas sensaciones en un proceso de reflexión a sabiendas de que muchas de ellas se habrán perdido y otras tal vez hayan sido transformadas por mi subconsciente.

Peine del viento de Eduardo Chillida

Una de las obras de arte que siempre me han cautivado y que procuro visitar siempre que puedo es el Peine del Viento de Eduardo Chillida.

"Peine de los Vientos - Donosti" by teredura58 is licensed under CC BY-NC 2.0
“Peine de los Vientos – Donosti” by teredura58 is licensed under CC BY-NC 2.0

Una de las cualidades que tiene esta obra, al igual que otras obras de exterior es que su percepción está muy influenciada por el momento en el que se visita, la hora del día, la meteorología, el estado de la mar… Todo hace un conjunto que se une para formar una experiencia única en cada momento. En este sentido destacar que en mi opinión, es de las pocas obras al aire libre que se disfrutan más con mal tiempo que con un tiempo bueno.

Es en los días de mal tiempo el viento y las olas del mar interaccionan con la obra en un sentido muy profundo en el que la obra toma sentido. Es en esos momentos en los que entiendes el nombre que Chillida le dió. Sientes como las esculturas, a modo de verdaderos peines acarician el viento y las olas. En los días de mar brava, se disfruta viendo como las esculturas inmutables hacen frente a esa fuerza descomunal que les azota, en una sensación que transmite seguridad, cumpliendo su labor de peinar.

Es en estos momentos cuando también entran en juego otras características del entorno, como las salidas que conectan con las olas e impulsan aire y agua a presión, acercando al visitante la fuerza del mar.

Pero si visitamos esta obra en un día soleado, con el mar tranquilo, la experiencia es completamente diferente. En este caso uno puede quedarse a contemplar la obra con más detenimiento y sosiego, pudiendo captar colores y formas que tal vez no pueda apreciar en un día agitado.

En estos momentos es cuando te fijas en la herrumbre de las piezas, te acercas más disfrutas del paisaje. Incluso en estos momentos de tranquilidad evocas esos otros momentos de mar revuelta. A pesar de la tranquilidad, ves los hierros retorcidos y te da la impresión que ha sido el mar y el viento quien los ha hecho e interiorizas su fuerza.

"Peine de los vientos (1)" by RinzeWind is licensed under CC BY 2.0
“Peine de los vientos (1)” by RinzeWind is licensed under CC BY 2.0

Curiosa dualidad de la obra, en los momentos agitados evoca solidez frente a las inclemencias del mar y en los momentos tranquilos nos recuerda su agresividad. Pero siempre en su misión de peinar los vientos.

Destacar también el conjunto que forman las tres esculturas en común. Sobretodo el contraste que da la más lejana, más inaccesible y más expuesta si cabe a las fuerzas de la naturaleza. Cuando la miro me da cierta tristeza. Allá apartada. Alejada de la protección de la costa. Aunque a veces me da por pensar que igual es la más atrevida, la que busca el horizonte y no tiene miedo a alejarse y enfrentarse a las inclemencias. Nunca me he podido acercar a preguntarle.


«Nightmare» Seung Hwang

Otra creación artística que tengo en la memoria es una actuación de un artista Seung Hwang, (Suecia), que pude ver en la última edición (2020) de “Danzad Danzad Maltidos” en Pamplona.

Foto Diario de Noticias
Foto Diario de Noticias

En su actuación «Nightmare» Seung Hwang actúa dando vida a un personaje que sólo transmite emociones a través del movimiento, con un perfecto dominio de su cuerpo y de los gestos de la cara. Actúa a la par de la música creando situaciones variopintas. Actúa vestido de colegial, con pantalón corto, camisa, chaqueta y corbata, lo que le da un aspecto tierno e inocente que contrasta con su físico de adulto.

Muchas veces, en este tipo de actuaciones de danza contemporánea, tiendo a buscar el mensaje, situar el personaje y buscar la historia. Algunas veces lo consigo (seguramente si quien ha pensado la obra lo ha querido) y otras no. En estos casos, después de un momento de extrañeza opto por no analizar, simplemente sentir y dejarme llevar. Esta actuación de Seung Hwang me llevó por este segundo camino, llegó un momento en que no sentía un hilo narrativo y me tendí al simple disfrute de la actuación. A partir de ahí, sí que conseguí sacar pequeñas historias inconexas, pero llenas de la expresividad que le daba el artista. Me sorprendió cómo con unos pocos materiales y un movimiento del cuerpo era capaz de mostrar esos sentimientos. Pero lo que más destacaba era su control de los músculos faciales, cosa que no es habitual en otros artistas de danza. Eso me sorprendió y tal vez es lo que ha hecho que esta actuación se quedara en mi memoria. Esa capacidad de sorpresa, de innovación en la obra, de la diferencia.

Se que mis sensaciones a la hora de ver una actuaciones de danza, teatro y circo, se ven también influenciadas por el estímulo en la creatividad que éstas obras surten en mi. De forma amateur suelo hacer pequeñas actuaciones de ciencia para niños, y muchas de éstas obras que visito me sirven de inspiración. Muchas veces me encuentro imaginando escenas o adaptaciones a mis espectáculos, abriéndome nuevas posibilidades.


Explorando las diferentes sensaciones que me producen estas dos representaciones artísticas me resulta curioso cómo cada una me interpelan de forma diferente. Las esculturas, como entes inertes permiten una observación más detallada y desligada del tiempo, con una fuerte influencia del ambiente que contribuye enormemente en la percepción. La danza, al contrario es temporal, en ella el transcurso del tiempo tiene sentido en si mismo. El ambiente que rodea la danza generalmente pasa a un segundo plano, aunque no deja de tener presencia.

Sensaciones desde mi creación

No quería terminar este artículo sobre arte y sentimientos sin hablar de los sentimientos que me producen a mi hacer arte. No me considero un gran artista, pero creo que para sentirse creador y algo artista cada quien lo hace a su nivel. Pongo por ejemplo este cuadro que muestro, reconozco que no es de gran calidad artística, pero a mi me sirve para disfrutar del hecho de pintar.

Al pintar este pequeño cuadro por una parte quería mostrar un mundo interior que tenía en ese momento. Por aquel entonces vivía en Nicaragua y me encontraba muy a gusto, pero recordaba con nostalgia mi tierra navarra. Para representar esa dualidad, quise hacer este paisaje imposible, mezclando un monumento típicamente navarro como Eunate, con un paisaje típicamente caribeño. No es que me preocupara demasiado por lo que fueran a sentir las personas que lo vieran, más allá de que les gustara y entendieran esa dualidad. Esos momentos de creación para mi son importantes por mi mismo. Cuando estoy en un proceso de creación (con la pintura u otra disciplina), mi mente se pone a ello constantemente y me produce un fuerte placer, primeramente con la generación de la idea y los matices. En el momento de llevarla a cabo, de coger los pinceles, se produce una sensación de bienestar mientras das rienda suelta a la práctica. Como dice Betty Edwards en “Aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro”, notas cuándo estás con el lado derecho si cuando alguien te habla y te saca de ese trance te incomoda.

De esto quiero sacar que el arte está lleno de emociones, emociones que varían mucho de la persona, de la disciplina, y que a veces es bueno pararse a reflexionar sobre ellas. Emociones que no serán las mismas para quien recibe el arte, que para quien lo crea, lo que sienten ambas personas generalmente será diferente, pero seguramente habrá un fino hilo que las junte.