Cuando reflexionamos sobre la música lo hacemos desde una concepción de que se trata de una característica profundamente humana. Somos conscientes de que hay multitud de otros animales que emiten sonidos y ciertas composiciones, pero cuando hablamos de música nos referimos de esa capacidad de emocionar y de transmitir que tiene para los humanos que no se alcanza con otras composiciones de los animales.

No es por tanto extraño que intentemos desentrañar los componentes de la música y analizarlos también desde una concepción humana. De esta pretensión viene la comparación de las esferas musicales y las esferas humanas, estás últimas planteadas por J. Botella y Antonio Esquivas.

Para este análisis se ponen en relación las esferas musicales como son el ritmo, la melodía y la armonía con las esferas del ser humano, que serían la de las sensaciones, la de los sentimientos y la de la razón respectivamente. Podríamos ver cada una de ellas como esferas concéntricas una sobre otra, que se van ampliando en complejidad, pero que unas contienen a las anteriores. En este sentido, la esfera del ritmo y la de la sensaciones seria la más interna, luego estaría la de la melodía y la de los sentimientos y la más externa la de la armonía y la razón.

Esfera del ritmo – esfera de las sensaciones.

El ritmo seria la esfera más interior la más básica. La parte primordial de la música. Lo primero que identificamos al escuchar una música es su ritmo, si es ágil, si es lento, si nos invita a danzar… El ritmo conecta directamente con nuestros sentidos más primarios, dándose el caso de que en ocasiones nos encontramos siguiendo el ritmo con la mano o el pié ante una música que nos llega. Una música con un fuerte ritmo, en un determinado momento nos invita a bailar a movernos a su son.

Para una persona no instruida en la música, el ritmo es lo más sencillo de seguir y de acompañar, con las palmas, con los pies. Es la primera faceta de la música con la que tenemos contacto y nuestra primera manera de interpretarla.

Por esta relación, se diría que es esfera musical del ritmo está relacionada con la esfera humana de las sensaciones. Se correspondería con la parte más biológica. Esta esfera de las sensaciones es también la más básica y primordial del ser humano, es a través de la que nos llega información al cuerpo. Esta esfera de las sensaciones nos conecta con el mundo exterior. El ritmo musical nos entra en el cuerpo a través de esta esfera.

Pero no solo están relacionadas estas esferas en su capacidad de “sentir el ritmo”, sino también por los componentes de ritmo que hay en nuestra componente biológica. Nuestro corazón tiene un ritmo, nuestra respiración, estamos acoplados con los ritmos de la noche y el día… y éstos ritmos pueden cambiar ante estímulos o situaciones especiales de la persona.

Esfera de la melodía – esfera de los sentimientos

La melodía sería la segunda esfera musical. Exige un nivel más de complicación. Ya entran en juego las notas musicales y su orden en el tiempo. A su vez es la parte que nos permite reconocer una determinada pieza musical. La melodía es la que nos transmite las sensaciones, la que nos hace vibrar y lo que se nos mete en la cabeza cuando escuchamos una determinada canción.

Por ello, la melodía estaría en relación con la esfera de los sentimientos, del afecto. Esta esfera del ser humano es en la que situaríamos ese abanico de sentimientos que nos inundan como personas, la alegría, la tristeza, el miedo, la angustia… La música es capaz de conectar con esas sentimientos a través de la melodía. No nos es extraño cuando ante una canción decimos ¡qué canción más alegre! o más triste. Y quien más quien menos tiene esa canción que le sube el ánimo en los momentos bajos, que te la pones porque “te hace sentir bien.”

Esta conexión entre la melodía y los sentimientos es lo que se aprovecha en las bandas sonoras de las películas, pudiendo producir verdadera angustia en una determinada escena.

Esfera de la armonía – esfera de la razón

Si vamos yendo hacia fuera en las esferas de la música nos encontramos con la armonía. Esta esfera musical sería la más externa, en ella encontramos los matices de la melodía. Es la parte de la música que complementa las anteriores esferas y las potencia. Para trabajar con la armonía hay que hacer un ejercicio intelectual, de conocimiento y de creatividad. Es por ello que esta esfera musical conectaría con la esfera de la razón del ser humano. Es en esa esfera de la razón donde la armonía se crea y donde ésta es percibida.

Reflexión final

En esta reflexión de las esferas, podríamos asumir que para percibir cada una de las esferas de la música debemos acudir a sistemas nerviosos más elevados. Así por ejemplo el ritmo puede ser detectado y utilizado por animales con sistemas nerviosos más básicos, incluso los insectos emiten sonidos con un cierto ritmo como los grillos, dándose el caso que lo cambian ante condiciones ambientales externas. También son capaces de sentir el ritmo del ambiente con sus receptores y usarlo en comunicaciones entre sí. Y podemos encontrar animales como los papagayos, los elefantes o los leones marinos que son capaces de seguir el ritmo de la música con su cuerpo1

Para la melodía ya necesitaríamos un cerebro algo más desarrollado como el de pájaros o mamíferos. Tenemos ejemplos como los cantos de los pájaros o la capacidad de algunos animales para identificar piezas musicales.2

Para la armonía ya se necesita un desarrollo cerebral mayor en el que están implicadas la razón y la creatividad y que solo dispondría el ser humano.